Liderazgo y empatía: Te presto mis zapatos

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Foto by Manuel Morillo Fotografía ©

– ‘Cuando alguien entra en mi despacho a hablar conmigo, sea de lo que sea, de una subida de sueldo o de un problema personal, siempre procuro prestar la misma atención y escucharlo cómo me gustaría que me escucharan a mi’

Esta frase no es mía, es de ella, me la dijo hace años, era directora de RRHH de una empresa en la que trabajé, aprendí mucho a su lado, pero os puedo asegurar que ésta fue una de las enseñanzas que se me grabaron a fuego desde el primer día, por aquél entonces empezaba mi carrera en Recursos Humanos y tenía tanto por aprender, y no, no sólo me refiero a nivel profesional, sino como PERSONA…

Desde aquellos años hasta aquí he conocido a líderes personas que gestionaban equipos y que eran realmente brillantes, seguramente sus cocientes intelectuales estaban muy por encima de los de la media que habitamos en este planeta, su formación técnica era casi inalcanzable, fueron los primeros de sus promociones o los primeros que ocuparon las plazas de aquellas oposiciones que a otros les había costado años sacar, algunos compañeros me decían que hablando de su área profesional parecían sobrehumanos, pero sin embargo, cuando intentaban trasladarles un problema personal que le impedía hacer éste o aquel trabajo, se encontraban con un muro, con una persona ser frío que no entendía ni el problema, ni mostraba mayor interés por el que tenía frente y por sus preocupaciones. Por supuesto, para mi, se limitaban a mandar, porque no es lo mismo mandar, que liderar

Escribo este post convencida de que para ser un líder, de los de verdad, no basta con tener una cabeza brillante repleta de ideas, una capacidad de innovar fuera de serie, o un listado enorme de aplicaciones o programas técnicos que manejar a nivel experto, sino que estoy segura, que sin la empatía, no llegarás más que a ordenar y mandar.

Dicen que las personas empáticas tienen una predisposición natural para algunas de las competencias más demandadas en puestos dónde se gestionan personas: trabajo en equipo, capacidad de liderazgo, habilidades en la negociación y habilidades sociales, entonces ¿por qué nos encontramos tantos jefes y jefas que no manejan ninguna de estas capacidades? La clave es sencilla, porque son jefes y jefas, pero no líderes.

Sinceramente, creo que hay pocas personas que en algún momento no lleguen a sentir verdaderamente empatía, por lo visto, es una cualidad que nos viene de serie, que ha quedado impregnada a lo largo del tiempo en nuestro ADN, en la de algunos más que en las de otros, la verdad. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto poner atención a los sentimientos de las personas que dependen de nosotros?

 

Sé empático/a (que no simpático)

No te confundas, no te pido que seas simpático cuando entro a explicarte que no podré venir mañana porque tengo una prueba médica complicada, o cuando no he podido tener a tiempo ese informe porque estaba solucionando un problema familiar, o que no he tenido las herramientas que necesitaba para pasarte los datos que me pedías, no pretendo que me sonrías y me digas que “no pasa nada” ,  para que lo entiendas,  simpatía es cuando sientes lo que le ocurre a la otra persona pero no necesariamente la comprendes, sin embargo, la empatía es cuando realmente comprendes lo que le ocurre a la otra persona, sin necesariamente, sentir lo mismo que ella.

Querido líder  cuando alguien te cuenta sus problemas, no espera que se los soluciones, sólo quiere que lo escuches y lo comprendas, vamos que espera a alguien empático y no simpático.

Piénsalo, si no eres capaz de comprender al otro, ¿estás seguro de que estás tomando la decisión más inteligente, o al menos, la más adecuada? Ojo, porque la empatía te permitirá tomar la decisión más acertada, piénsalo, si muestras interés por el otro, si tratas de comprenderlo, seguramente la decisión que tomes, será mucho más adecuada para el departamento y por ende, para la organización. Al final, siendo empático ganas (o ganáis todos).

 

Lo que he aprendido de liderazgo

Cuando empecé en esto de la gestión de personas, se apostaba, sin duda, por líderes  o mejor dicho, jefes y jefas con un enfoque individualista y agresivo, se suponía que alguien era un buen jefe cuando era capaz de decirte las cosas a la cara, cuando te cantaba las cuarenta si tú o alguien se descarrilaba como una oveja del rebaño,  él ordenaba y el equipo obedecía sin rechistar. Han pasado los años, y afortunadamente esta visión ha cambiado, estamos en un momento donde cada vez más, las empresas y organizaciones tienen por delante 3 retos donde la empatía se hace cada vez más y más necesaria:

♠ Estamos ante un trabajo cada vez más colaborativo, que no es lo mismo que trabajo en equipo, el primero es mucho más complicado porque los profesionales “colaborativos” tienen que ser capaces de adaptarse a grupos flexibles, en diferentes departamentos, deben responder a objetivos comunes y tienen que contribuir al aprendizaje del resto, ahí es nada.

♠Tenemos delante de nosotros un mundo globalizado, donde en nuestras empresas encontramos cada vez más diversidad cultural, trabajadores de diferentes generaciones, cada uno de su padre y de su madre…

♠ Nuestra misión es captar y fidelizar al mejor talento para nuestras organizaciones, si contratas al mejor para decirle lo que tiene que hacer y cómo, ¿no crees que te podrías ahorrar el trabajo, el tiempo y el dinero?

Dice mi amigo Enrique Cejudo que un líder es aquél que tiene un grado de empatía tal que es capaz de sentirse uno más dentro del equipo.

Y, me cuenta Almudena Lobato que un líder empático siempre utiliza el nosotros en lugar del yo, que trata de conocer (de verdad) a las personas más allá de los meros formalismos, de conocer su vida, sus miedos o sus inquietudes. Un líder empático sabe que los miembros de su equipo pasaran por emociones de toda índole, miedos, incertidumbre, y tratará de acompañarlos y arroparlos.

 

Porqué y para qué mejorar tu empatía

Estimado/a líder o de momento, jefe a secas, estás de enhorabuena, porque la empatía es una competencia que se entrena, sí, puedes mejorarla y potenciarla, ahí van algunas claves que espero te sean de ayuda:

  • Cuando alguien entre en tu despacho, limítate a escuchar  y a comprender por lo que está pasando. Sólo eso. No intentes solucionarle el problema, ni dar consejos ni contarle que éste o aquél lo está pasándolo peor, o qué tú ya pasaste por aquello y el tiempo lo pone todo en su lugar,  la otra persona sólo busca comprensión emocional empática. ESCUCHA coño! creo que así es mucho más rotundo el mensaje 😉
  • Cuestiona (-te). Cuando hables con alguien, pregúntate: ¿Le he dado una respuesta empática o una simpática? ¿Cómo he reaccionado cuando me ha contado su problema o su preocupación? ¿He estado más pendiente de mí pensando  qué contestar o verdaderamente he puesto atención plena mientras me contaba? ¿He intentado comprender más qué juzgar?
  • Observa, mira, pero no juzgues. Parte de la base de que no todo el mundo puede ni debe pensar como tú, tu posición es tuya, única, como tú, piensa que cada uno tenemos nuestro punto de vista y esto es sagrado, o al menos, respetable.
  • Créeme, necesitas ser empático no sólo para tratar con tus trabajadores o colaboradores, sino con otros compañeros, con la directiva, con los inversores de la compañía, con tus alianzas y por supuesto, con los consumidores de tu producto o servicio ¿no son suficientes razones de peso para apostar por ella?
  • Los directivos o las personas que tenéis a otras a vuestro cargo, si habéis construido vuestras relaciones de forma empática, contaréis siempre con el respeto y el apoyo del resto del grupo, ¿has pensando que triste sería que al darte la vuelta todo el mundo pensara “lo que tú digas petardo, lo hago por lo que lo mandas y punto”?
  • Si tienes la actitud adecuada, vamos que si eres empático/a, será mucho más fácil llegar a acuerdos y  resolver conflictos. Escuchar, entender a todas las partes y tener en cuenta el punto de vista de todos los implicados hace mucho más fácil llegar a un acuerdo común, en vez de dar una orden de forma unilateral, o es que te gusta sentirte como un dictador?
  • Un jefe (sin empatía) también alcanza sus metas, sí, logra sus objetivos, pero lo hace de forma puntual, más pronto que tarde, necesitarás de la colaboración de otros profesionales, ¿te has puesto en el lugar de los otros, te gustaría que te pidieran las cosas cómo tú la pides a los demás?
  • ¿Has oído hablar de la motivación? Pues resulta que ésta en la gestión de equipos es tan necesaria como el pan duro para las migas, ¿cómo vas a motivar a los tuyos si ni siquiera sabes lo que preocupa o importa a tu equipo  grupo?

Podría seguir, dándote razones para que trabajes y apuestes por la empatía si quieres dejar de ser jefe y pasar a ser un/a líder, pero estoy segura que te será de más ayuda leer este brutal post de mi amiga Elena Arnaiz para Actio Global cuyo título ya te dará pistas Liderar para inspirar: trata a tu equipo cómo se merece  

No podía acabar de mejor manera este post sobre empatía y liderazgo que con este vídeo de Belén Arcones dónde sus compañeros de IMF la felicitan por haber sido nombrada, una vez más, una de las Top 10 Mujeres Líderes 2018, escucha y verás porque sigue habiendo jefes, jefas y LÍDERES en mayúsculas.

 

 Empatía, no sólo es ponerme en los zapatos de los demás, es caminar con ellos por el barro y pensar ¿y ahora qué?

Meme Romero

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