El valor de ser tú mism@

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Permíteme que comience este post con una pregunta: ¿Y tú, quién eres?

¿Te lo han preguntado alguna vez? O mejor, ¿te lo has preguntado alguna vez?

He de reconocer que pocas preguntas remueven tanto como ésta, pocas preguntas te harán tomar consciencia como tu respuesta a ella.

Quizás por eso, me gusta comenzar así mis entrevistas de selección, porque creo firmemente, que ésta es una oportunidad única para que los candidat@s muestren  a la empresa quienes son realmente, más allá del papel, más allá de un curriculum o más allá de las referencias que de ell@s tengamos en RRHH. Y conste, que no siempre el candidat@ aprovecha esa oportunidad mágica, pues la mayoría terminan repitiendo como un papagayo lo que yo he leído horas antes en su curriculum.

Reconozco que la respuesta a la pregunta del comienzo de este post se torna harta complicada, sobre todo sí, no sabemos realmente quienes somos, y qué es “ese algo especial” (ahora lo llamamos marca personal) que nos hace diferentes y que podemos aportar a la empresa como valor añadido.

Tienes la opción de ser auténtic@ o usar un disfraz para tu vida profesional, por supuesto, de la misma forma que eliges una u otra opción, tendrás que aceptar las consecuencias de representar ese papel.

Hasta hace bien poco, siempre habíamos escuchado que “no podíamos llevarnos los problemas al trabajo”  y cuando hablo de problemas también hablo de emociones, ¡uy! esas, decía la sabiduría popular que tenían que quedarse en casa, o mejor, colgadas en el perchero de la oficina antes de sentarnos a trabajar. Es una de las convenciones, normas o principios que todos hemos oído alguna vez, a tod@s nos han hablado  de esta norma no escrita, cuyo fin era encauzar nuestra vida profesional. Y todo esto a pesar de que nuestra vida personal está inevitablemente entrelazada con lo que vivimos en nuestro trabajo, porque reconozcámoslo, lo profesional y lo familiar caminan casi siempre juntos, vamos que hasta donde yo sé, vida y trabajo van siempre de la mano.

Y después de leer ésto, te preguntarás qué entonces cómo debes ser o como debes actuar en el trabajo, ¿no? Más de una vez te habrán aconsejado , y ésto es muy de padres, que en el trabajo, intentes pasar desapercibido, que evites ser de esa clase de profesionales que son más conflictivos de la cuenta,  que evites asimismo una sinceridad excesiva acerca de tus problemas personales, y que tampoco, seas demasiado efusivo, porque tus alegrías y tus penas se deben quedar en casa, que tengas cuidado con hacer público tu “feeling” nulo hacia ese o esa compañera de departamento, con contar lo poco que te gusta tu trabajo, o tu propio jefe.

¿Cómo actuar entonces?  Lo digo siempre, y no sólo en el ámbito personal: Siendo auténtic@ pero intentando que tus arranques de sinceridad estén basados en hechos, y nunca en juicios de valor, interpretaciones o rumores.

Puedes optar por ser diplomátic@ y seguir los consejos y las normas, aunque también puedes ser simplemente tú, ese que siempre canta la misma canción cuando está en la cocina; está en tus manos ser legítim@ o actuar, ponerte un disfraz para la vida profesional que poco tiene que ver con quien eres de verdad. Y recuerda, decidas lo que decidas, tendrá consecuencias. Entonces, ¿cómo ser un@ mismo en el trabajo?

Plantear soluciones no problemas

Si algo aprendí cuando comencé a formarme y a descubrir el coaching en carnes propias fue que podemos (debemos) ser quienes somos en el trabajo, manifestando nuestros acuerdos y desacuerdos, nuestras emociones en definitiva, siempre que digas ‘ante este hecho, yo me siento de esta o aquella manera’ (que no es algo discutible) y siempre que dejes claro qué es lo que necesitas para sentirte bien (no se trata de exigir, sino de informar); y siempre que sugieras, propongas o plantees una solución. No es lo mismo plantear problemas que soluciones o sugerencias.

La palabra mágica: asertividad

¿Asertividad? Sí, lo que viene siendo ser un@ mism@, ser auténtic@, transparente pero sin dejar de respetar al que tenemos frente a nosotros, no vale ser claro y decir lo primero que se te pase por la cabeza sin pensar en quién puedes hacer daño  o herir de forma gratuita.

Y ¿qué pasa cuando trabajamos en una empresa cuya cultura no encaja con nuestros principios o nuestra forma de entender el trabajo? Aquí  te diré amig@ mi@, que tienes un problema, porque el equilibrio entre ser uno mismo y el trabajo, es no traicionarse y no llevar un disfraz, y para ello es necesario que digamos lo que sentimos buscando siempre la forma y el momento para hacerlo sin resultar agresiv@. Reconozcámolos,  ¿cuántas veces nos ponemos un disfraz o una careta cuando nuestra forma de ser es diferente a la forma de ser que impera o es deseable en la empresa? Y ¿qué consecuencias tiene esa sobre actuación?

Se tú, pero se coherente

  • Práctica el ejercicio de conocerte a ti mismo, ¿qué cosas se te dan bien, cuál es tu mejor habilidad? toma consciencia de tus éxitos pero también de tus debilidades y fracasos, y asume las consecuencias de ello, asume tu responsabilidad, no hay más, eres cómo eres.
  • Ten claro cuáles son tus valores, tus principios, pero también tus actitudes, tus límites. Define que líneas estás dispuesto a traspasar y cuales son infranqueables.
  • En la empresa observa, este ejercicio te permitirá saber qué está permitido y que margen para compartir con otros tienes.
  • Acéptate como eres, ¿Qué prefieres “quedar bien” o estar bien, estar a gusto?
  • No intentes agradar siempre, es imposible, porque además ésto podría producir el efecto contrario. El día es una montaña rusa de emociones, así que, olvídate, no podrás mantener tu estado emocional durante un tiempo ilimitado.
  • Sé natural/espontáneo, de nada te servirá estar dándole vueltas siempre a el qué pensara éste o el otro sobre nosotr@s y comerte el tarro para tener siempre la respuesta políticamente correcta. La clave está en disfrutar de lo que hacemos sin pensar en si agradamos o no al resto, recuerda, eres únic@, inigualable, explota esa “exclusividad” de forma natural en vez de verla como handicap.
  • No se trata de reprimirte, ni de actuar o lucir un disfraz, se trata de tener el valor de ser en el trabajo un@ mism@ sin renunciar a tus principios y valores y a tu “yo” más íntimo, recuerda que no podrás ser ese buen profesional mientras estás ocupado interpretando un papel.

 

Tod@s, tod@s alguna vez, en mayor o menor medida, hemos vivido desde una fachada que hemos querido mostrar, pero la felicidad y el sentirse bien son imposibles de sentir si un@ no vive desde su verdadero “yo”. -Meme-