Porque no es lo mismo mandar que liderar

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Foto by Manuel Morillo (@fotosyemocion)

Alguna vez me han pedido en una entrevista, que les explicase un ejemplo real de por que me considero una persona que se adapta fácilmente a los cambios, y alguna vez he respondido que “que en poco tiempo he sabido adaptarme a trabajar bajo varios estilos de dirección muy diferentes entre sí”. (Conste que adaptarme no significa compartir iguales puntos de vista).

O lo que es lo mismo, que he trabajado en un corto espacio de tiempo con varios responsables, lo que significa: diferentes estilos de dirección, diferentes formas de ver las cosas en la gestión de personas,  diferentes liderazgos y por supuesto, diferentes jefes y pocos líderes.

Y aquí diferencio entre jefe y líder, porque existe un abismo incalculable entre ambos, ¿aún te preguntas qué es eso que tanto los diferencia? Mi respuesta es, la actitud, ni más ni menos.

La mayoría de jefes que he tenido han sido eso, jefes, no líderes. Porque no es lo mismo mandar que liderar, porque el liderazgo no tiene nada que ver con la posición jerárquica, aunque a veces el que lidera puede ser el mismo que el que manda.

Conocí a M.R. cuando llevaba seis meses en la empresa, llegó para ocupar un puesto paralelo al mio, aterrizó allí para formar parte del Departamento de RRHH,  aunque pronto pasó a ocupar el lugar de responsable de área,  venía a traer aires nuevos y buscar nuevas fórmulas en la gestión de personas y yo estaba allí para ayudarla en aquél proyecto. El feeling entre las dos fue mutuo desde el principio ¿por qué?

  • Desde el primer momento confió en mis capacidades y lo demostraba pidiendo mi opinión en temas que a primera vista parecían más de gestión de la dirección que competencias de mi propio puesto, siempre quería oír mi respuesta, y ésto me hacía sentir parte del proyecto a la vez que aumentaba mi compromiso con el departamento y para con la organización
  • Se relacionaba conmigo de tú a tú, para ella, yo y el resto del equipo eramos como ella, “currantes” dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos. Se paraba a tomarse con un café lo mismo con el director general que con un auxiliar de otro departamento sin hacer ningún tipo de distinción entre ambos.
  • Siempre estaba a la cabeza del grupo, o lo que es lo mismo, siempre era la primera en tirar del carro en los momentos difíciles, era de las primeras en llegar y de las últimas en abandonar la oficina, era la primera en quedarse cuando había trabajo extra que hacer y nunca tenía que pedir ayuda a su equipo, porque se equipo sentía cuando debía estar a su lado, si acaso, los alentaba a continuar en momentos de estrés absoluto.
  • Convertía los problemas en retos y desafíos y si éstos eran parte del departamento, por supuesto, los logros también, que se celebraban siempre entre risas y cafés.
  • Sabía delegar que no mandar ni endosar marrones, delegaba retos antes que tareas desde la confianza más absoluta en todos y cada  uno de los miembros de su equipo.
  • Cuando algún miembro de su equipo llegaba enfadado con otro compañero, como me pasó a mi más de una ocasión, ella nunca entraba al trapo, se limitaba a escucharme pacientemente, a ponerse en mi lugar y luego me retaba a buscar soluciones a aquella cuestión. Sabía ponerse en el lugar del otro sin contaminarse con su situación personal, era una persona empática por naturaleza.
  • Solicitaba feedback constantemente, quería saber qué opinaba la gente de los procesos, de los proyectos, de las soluciones que se iban planteando a éstos.
  • Era invisible durante la mayoría del tiempo, no sobresalía sobre los demás integrantes de su grupo, pero en los momentos de crisis su figura emergía hasta hacerse gigante, gigante defendiendo la gestión de los suyos, era humilde y aceptaba de buen grado las críticas (por supuesto, bien argumentadas y constructivas).
  • Siempre dispuesta a aprender, incluso de mi y de otros compañer@s que en principio ostentábamos un menor rango en la jerarquía de la organización, nunca le supuso problema reconocer que “no sabía algo” y pedir ayuda u otra opinión a otr@s.

¿Creéis que el líder nace o se hace? Personalmente por mi experiencia, pienso que hay personas que tienen esa naturaleza de líderes innatos y otras que son capaces de entrenar las competencias propias de un líder, es lo que el Coaching ha pasado a llamar “líder coach”, ambos muy alejados de la figura del jefe.

Sin embargo, ella se fue, sus valores no iban de la mano de la organización y decidió humildemente abandonar aquel proyecto, y detrás de ella, llegaron otras personas.

La primera jefa, aunque pasó poco tiempo en la organización, evitó todo conflicto con la dirección, definió algunas nuevas reglas en el departamento porque no le gustaba lo hecho anteriormente, definió planes según su criterio personal, tomó siempre que pudo sus propias decisiones e indicaba el camino a los miembros de su grupo, dejando claro quién era la que mandaba allí.  Pero terminó aburriéndose y también se fue.

Pasado unos pocos meses, llegó otra Jefa (conste que mi intención con este post no es devaluar ni despreciar la palabra jefe/jefa ¡ni mucho menos! mi única misión es, además de contar mi experiencia personal, que toméis consciencia de las diferencias entre trabajar con un@ jef@ y un@ líder y cómo ésto puede contribuir a tu desarrollo profesional o estancarte de por vida).

La siguiente llegó presentándose con su puesto profesional en primer lugar, y dejando en un segundo plano a la persona. Lo siguiente que hizo fue repasar todo lo hecho en la anterior etapa del departamento para proceder a darle su toque personal a todo aquello que no le encajaba, sin por supuesto, consultar la opinión o el punto de vista de ningún colaborador, era evidente, que en adelante su función se iba a limitar a dar órdenes para que se ejecutaran o cumplieran tareas.

Como asumió desde un principio toda la responsabilidad del departamento, supongo que para no dejar de ser la cabeza visible, se limitó a exigir a los miembros de su grupo el cumplimiento de las tareas en plazo y forma, si había algún error, por supuesto, el error tenía nombre y apellidos, al igual que los logros, que eran tan suyos como aquél sillón de jefa. Ella no tuvo nunca reparos en endosar marrones y responsabilidades cuando algo no salía bien, nunca reconoció que no sabía, no podía, o no tenía medios, porque ya se encargaría su gente de tener el trabajo hecho, al fin y al cabo, ella era la que mandaba.

Ésta es mi historia, mi experiencia, lo que para mí diferencia a un líder de un jefe, pero no quería terminar esta historia sin que conocierais la original propuesta de Maria Graciani, los Gefes, o lo que es lo mismo, el necesario GEstor de la FElicidad que toda empresa necesita, ese expert@ en mejorar, desarrollar y reinventar el motor de la empresa: las PERSONAS. Ésto si que es el liderazgo que está por venir, y yo espero poder vivirlo junto a vosotros que cada semana me seguís.

“El verdadero líder es quien potencia las capacidades de su equipo, y hace brillar a su gente, sin tener en cuenta el brillo de su propio ombligo” 

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