Cuando la queja te hunde (profesionalmente)

Preguntas envenenadas

Foto by @MMorilloFoto

Éstos días ando enfrascada ultimando los detalles de la selección del equipo de la próxima Lanzadera de Empleo de Sevilla así que estoy recibiendo la visita de muchos profesionales que se encuentran en búsqueda de nuevas oportunidades.

Y claro, en estas semanas, me he encontrado con profesionales de todo tipo: personas que llevan muchos años en situación de desempleo, jóvenes titulados que a pesar de su infinita lista de titulaciones y formaciones no han conseguido acceder al mercado laboral, profesionales que acaban de finalizar sus contratos temporales vinculados a la época navideña y de rebajas y hasta profesionales que durante muchos años llevaron hacía delante un negocio como autónomos pero llegó la crisis y los borró del mapa, en definitiva, estoy viendo de todo, como en botica.

Y es ahí, en ese amplio abanico de profesionales dónde me he encontrado un espécimen que yo llamo el ‘hommo quejicus’ qué ya sé que los hay en todos sitios, como las meigas, pero me ha resultado especialmente curioso encontrármelos en tan alto número.

Estarás de acuerdo conmigo en que la queja, es un elemento extraordinariamente común y presente en nuestro día a día, en cualquier conversación, de carácter profesional y de carácter personal, entre amigos, entre familia, entre colegas, y por supuesto, en nuestra relación de pareja, o no?

Sin darnos cuenta nos pasamos el día quejándonos por lo que nos pasa y por aquello que no nos termina de pasar, cuándo pensamos que algo es injusto, cuando estamos convencidos que algo o alguien no está perjudicando, cuando pones tu confianza en alguien y no cumple con su parte del trato, o al menos, eso creemos nosotros, nos quejamos de nuestra mala suerte, de nuestro destino… todo el día queja ‘parriba y queja ‘pabajo.

Ese profesional: El hommo quejicus

Pero centrémonos, que sin darme cuenta, me voy por los cerros de Úbeda, volvamos al hommo quejicus, ese profesional que en muchos casos, supera los 40 años (por aquello de que les/nos pilló la crisis de lleno) y que años después de su despido, de su última contratación o de haber colaborado en su último proyecto sigue quejándose en cada conversación y cada vez que puede, de la mierda de entorno laboral, de la precariedad de los contratos, de los sueldos raquíticos que te pagan, de cómo las empresas prescinden de los profesionales por haber superado ese umbral de edad que separa a los válidos de los ‘no tan válidos’, te suena verdad? Conste que no seré yo quién le quite motivos para pensar así, porque es evidente que el mercado laboral ha cambiado mucho en los últimos diez años, pero lo peor, es lo que está por llegar y por cambiar.

En cada frase, en cada palabra de esa conversación hay frustración, emociones negativas, resentimiento y hasta deseos de venganza, escuchaba yo esta semana la frase ‘ojalá les vaya tan mal a esos demonios cómo me fue a mi’, también, me sorprende ver cómo se siguen juzgando de forma gratuita a profesionales de RRHH que poco o nada tuvieron que ver en la toma de decisiones dentro de aquella crisis, y que se limitaron a hacer, simplemente su trabajo.

Al final, siento ser tan clara, pero es que a muchos nos gusta el papel de víctimas, nos sentimos cómodos, porque siempre será más fácil quejarnos y echar la culpa de nuestra situación a otros (que no digo yo que dependa de nosotros el que nos despidan o que no nos renueven, no te equivoques!) que tomar las riendas de nuestra responsabilidad, y empezar a cambiar lo que dependa de nosotros y de nosotras.

Ya sé que muchas de estas personas sólo trataban de desahogarse, que es triste quedarte sin nada después de muchos años dándolo todo por tu empresa, que necesitamos en muchas ocasiones contar a otros cómo nos sentimos o nuestros juicios sobre las otras personas, porque al final, aquí no nos quejamos de empresas ni de organizaciones, sino que hablamos de otros y de lo que nos hicieron.

Y ya puedes estar ahí tú, explicando que claro que llevan parte de razón, qué claro que es una putada quedarse sin nada, verte sólo, sin recursos, pero que hay que cambiar el chip, que debemos empezar a actuar sobre lo que está en nuestro ámbito de actuación, porque al final hay cosas que no podemos controlar nosotros, cómo las exigencias del mercado, o la falta de una legislación laboral que apueste por políticas de empleo reales, de nada, de nada te vale tu batería de argumentos o contarles tu propia experiencia vital, porque al final esas personas, los hommo quejicus, las van a rechazar, no sin ponerte antes muy mala cara, porque ellos lo que necesitan es reafirmarse en su propio punto de vista, conseguir tu compasión, o que les des la razón en ese deseo de venganza.

La cuestionable utilidad de la queja

Y me pregunto yo, ¿Son realmente útiles estas quejas?

¿Para que sirve quejarte si no vas a hacer nada para cambiar las cosas?

Personalmente pienso, que estas quejas no nos van a ser útiles, más allá de desahogarnos, porque después de haber contado nuestra historia, después de haber conseguido la lealtad del que nos escucha, vamos a seguir sintiendo lo mismo: frustración, resentimiento y sensación de haber sido tratados injustamente.

Si no estamos dispuestos a hacer nada más que quejarnos, podemos acabar hundidos por la queja, y recuerda ‘la queja te hunde y sólo la acción te eleva’. A pesar de que la queja en el mundo profesional es muy frecuente, tenemos que reconocer que es un elemento 100% improductivo y que no nos resuelve gran cosa, a veces, no nos tranquiliza siquiera, sino que nos enfada más, y que el desahogo no se produce a corto plazo, sino pasado un tiempo.

Quejas: hábitos dañinos

Somos personas, así que es casi inevitable, que en algún momento de nuestro proceso de búsqueda de oportunidades profesionales, aparezcan las quejas, sobre todo, cuando llevamos mucho tiempo inmersos en esta causa.

Lo que tenemos es que tomar consciencia de cuando aparecen esas quejas improductivas que se convierten en un hábito dañino (también para nuestra salud) y parar ese bucle en el que solemos entrar:

  • Son lamentos ante otras personas y con carácter repetitivo, vamos que lo hacemos cada vez que tenemos oportunidad, no nos importa ni dónde ni cuando, lo hacemos porque nos resulta fácil y cómodo ese papel de víctima o de ‘pobrecito’
  • Qué sólo buscan la simpatía o el apoyo del que tenemos frente
  • Que pretenden desahogarnos o descargar nuestra mochila emocional
  • Que crean, también, en los que tenemos frente juicios infundados y resentimiento
  • Que al final lo que demuestran, es incapacidad. Nuestra incapacidad para llevar a cabo acciones que cambien la situación.
  • Y que termina dañando, irremediablemente, nuestra credibilidad profesional.

3 Estrategias para evitar las quejas

#Estrategia1

Toma consciencia de cuando aparece la queja improductiva (arriba tienes información suficiente para poder identificarla). No podemos cambiar nada, si no tomamos consciencia de que quejarnos NO nos funciona.

#Estrategia2

Busca el lado positivo, no todas las quejas son malas, recuerda que en la mayoría de casos, los cambios empiezan con quejas, seguro que en muchas ocasiones queremos transmitir con ellas un aprendizaje, o nuestra experiencia. Se trata de pensar, ”Sí, ésto es una p*** mierda, pero, ¿qué puedo sacar yo de aquí? ¿hay algo que pueda hacer para solucionar el problema? ¿hay algo que puedo aportar para mejorar mi situación?”

#Estrategia3

Haz, haz y haz cómo diría Helen Gómez Ruano #LoQueDependaDeTiHazlo

Quejarse no evita tu parte de responsabilidad.

Así que piensa, ¿Qué está dentro de mi ámbito de actuación? ¿Qué está en mis manos para modificar ésto que siento? ¿Puedo cambiar yo el mercado laboral? ¿Puedo evitar que me despidan? ¿Puedo evitar que mis proyectos de trabajo sean temporales y no indefinidos?

Y cámbialos por…

¿Puedo cambiar mi CV para que sea un reflejo de lo que puedo hacer por esa empresa?

¿Hay alguna forma de mejorar mis competencias profesionales para acceder a esa empresa o a ese puesto?

¿Puedo formarme para poder ocupar un puesto en esa organización que tanto me gusta?

¿Cómo puedo llegar a ese director/a de RRHH para hablar con él/ella?

¿Hay alguna forma de mostrar a otras personas eso que se hacer tan bien?…

Pd.: Aunque éste post tiene una inspiración puramente profesional, también es válido 100% y aplicable a tu vida personal, y en tu día a día en el trabajo o en la ofi.

De nada vale quejarte, si después no te pones en marcha para buscar soluciones o alternativas a tu problema o situación’

#MenosQuejasYMásHacer

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